lunes, 11 de agosto de 2008

Lo evidente es personal

Uno de los errores más comunes es pensar que aquellas cosas que nos resultan evidentes también lo deban ser para el resto de los mortales. "Elemental, mi querido Watson". Este tipo de comportamientos nos pueden causar algún que otro problema personal e incluso comercial.

Debemos conocer cuál es nuestro grado de elementalidad para, de esta manera, tomar las medidas oportunas que minimicen el impacto de esta práctica.


Grado 1. El nivel más elevado y a la vez el más peligroso es aquel que hace desesperar a la persona (llegando incluso a exacerbar al sujeto) que no se para a pensar si aquello que a él le resultó evidente pudo pasar inadvertido por su interlocutor. Estas situaciones son las más complicadas de afrontar; por un lado, el que recibe la bronca no es consciente del motivo que la origina y tiende a radicalizar su reacción (se enfada, se cohíbe, muestra indiferencia), por otro lado, la salud del que padece de este grado se ve afectada ya que estar todo el día de bad milk no es saludable.

Solución 1. Para casos graves, la técnica del espejo. Grabamos un video con la reacción y cuando se calme se lo mostramos, seguramente no se reconocerá en el mismo y tratará de buscarle una solución a ese comportamiento. La técnica anti-Murphy, es aplicable como solución a todos los niveles y es la que mejor minimiza los malentendidos. Requiere de tiempo, de recursos y se optimiza con la práctica. Preguntar si se ha entendido, volver a recordar los puntos clave, refrescar la memoria de la otra persona si dista en el tiempo el acuerdo alcanzado de la fecha de su ejecución, entregarlo por escrito, comprobar la recepción del edicto, son las herramientas de esta técnica.

Grado 2. Cuando creemos que todo se observa desde nuestra mirada. Muy típico y causante de grandes fiascos. Este nivel nos permite gestar grandes planes, grandes postulados que cuando se llevan a la práctica no consiguen el objetivo esperado.

Solución 2. La técnica del peluche. Esta prueba consiste en pasar un documento, una campaña o lo que fuere para que sea testado por un neófito en la materia pero que forme parte del target. [El término tiene su origen en un comercial de Aspirina en el que un padre le trataba de explicar a su pequeña hija "de dónde vienen los niños"; después de una sesuda explicación el padre le pregunta si lo había entendido. La chiquita se le queda mirando a los ojos y le dice - yo sí pero ella no-, haciendo referencia al peluche que portaba entre sus brazos].

Grado 3. Este nivel acoge a los individuos que bien por pereza o por comodidad dan por sentado que aquello en lo que están pensando es compartido por el resto de la humanidad. Suelen escudarse en excusas del tipo "yo creía, yo pensaba". Este comportamiento va la mayoria de las veces asociado a personas reactivas.

Solución 3. Para este nivel se requiere de un cambio general en la persona y esto escapa al cometido de este artículo.

Grado 4. Este nivel afecta a lo cotidiano, aquellas tareas o rutinas que para los que están acostumbrados a ellas resultan automáticas y que despiertan el asombro de los no iniciados. Este nivel afecta principalmente al individuo que lo experimenta ya que no es capaz de valorar en su medida dichas prácticas. Esto llevado al plano empresarial, le puede restar grandes ingresos por no tasar en su justa medida sus trabajos.

Solución 4. Debido al bajo impacto sobre el resto de las personas de este nivel de elementalidad no cabe aconsejar una solución. En todo caso una recomendación: para valorar el trabajo se debería realizar una investigación sobre precios de mercado en esa materia, solicitar la opinión de personas de confianza o utilizar ambas técnicas.

Una vez realizado el análisis de los diferentes niveles, sólo resta situarse en aquel que mejor se aproxime a nuestro comportamiento. Porque, evidentemente, a alguno de los cuatro perteneceremos.

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